Introducción
Actualmente las instituciones públicas de ciencia, tecnología e innovación
agrícolas se enfrentan a un gran dilema: ¿Cómo sobrevivir en un entorno cada vez
más competitivo, restrictivo y complejo? Al tratar de dar respuesta a esta interrogante, la gran
mayoría de las estrategias institucionales recomendadas apuntan hacia el asumir riesgos y atreverse a
cambiar situaciones paralizadas en las organizaciones; es decir, a gestionar el cambio organizacional
(Kaufmann, 1997; Watts y col., 2003; Ferrer y col. , 2000; De Sousa, 2007).
En este sentido, De Sousa (2007), afirma que el 75% de las alternativas de cambio en las organizaciones ha
fracasado; de estas el 95% busca cambiar las cosas para cambiar las personas. Mientras que el 98% de los casos
exitosos de cambio, siguieron la filosofía de cambiar las personas que cambian las cosas,
refiriéndose fundamentalmente al cambio de comportamientos ligados a la dirección y liderazgo
organizacional.
El Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA) así como muchos organismos de
ciencia, tecnología e innovación del país, no escapa a esta realidad. Es por ello que la
institución inició a partir del año 2005 una profunda transformación, orientada a
enfrentar la urgente necesidad de adaptación a las cambiantes condiciones del entorno agropecuario
nacional. Ese cambio apuntó hacia la implementación de nuevos esquemas de dirección,
organización y liderazgo, y es así como ese mismo año se logra la aprobación de
una providencia administrativa que declara a la institución en proceso de modernización y
reorganización. Este proceso llega a su clímax en tiempos más recientes (Abril 2010) con
el cambio de la misión, visión y valores organizacionales (INIA, 2005).
Desarrollo
El termino liderazgo se ha asociado históricamente con personas dinámicas y poderosas que
dirigen grandes grupos de personas, entre los que recordamos a lideres sociales, políticos, religiosos
y militares. La vasta investigación realizada sobre el tema del liderazgo, nos ha permitido contar con
una gama de definiciones que varían solo en su enfoque semántico. Una de las clásicas
definiciones de liderazgo proveniente del área de las ciencias gerenciales, fue acuñada por
Kreitner (1995): “...un proceso de influencia social en el cual el líder busca la
participación voluntaria de los subordinados en un esfuerzo para lograr objetivos
organizacionales” (p. 469). En ella se destacan dos aspectos fundamentales del liderazgo: la
participación voluntaria y el logro de objetivos organizacionales comunes.
En este contexto, la literatura nos señala la existencia de dos tipos fundamentales de liderazgo: el
formal y el informal. En el primero, se pretende influenciar a otros para el logro de objetivos
institucionales; mientras que en el segundo, se pretende la misma influencia pero con objetivos no
institucionales (Kaufmann, 1997).
Así mismo, se establece la existencia de diversos estilos de liderazgo, siendo estos considerados como
un patrón de comportamiento consistente percibido por los demás. Estos estilos son utilizados
por los líderes cuando están trabajando con o a través de otras personas. Tres han sido
los estilos clásicos de liderazgo identificados en la literatura, a saber: el autoritario o
autocrático, el democrático o participativo y el laissez-faire (dejar hacer). Los líderes
con frecuencia desarrollan un estilo de liderazgo con base en su experiencia a lo largo de un cierto periodo
de tiempo. Tannenbaum & Schmidt (1973; citados por Hersey & Blanchard, 1982) sugieren que al menos
existen cuatro fuerzas que influencian el tipo de liderazgo en los gerentes; estas son: el propio sistema de
valores, la confianza de los subordinados, las inclinaciones personales del líder y los sentimientos de
seguridad manifestados en situaciones de incertidumbre (Kreitner, 1995; Robbins, 1997; Kaufman, 1997;
Hersey y Blanchard, 2000).
Varias teorías han tratado de explicar el fenómeno del liderazgo a lo largo de la historia de
la humanidad. Las más importantes pueden resumirse de la siguiente manera: 1) teoría de los
rasgos personales: asume fundamentalmente la existencia de la dicotomía “...los lideres
nacen o se hacen”, concentrándose así en los rasgos de personalidad de los lideres
exitosos; 2) teoría del comportamiento: se concentra en la búsqueda de patrones de
comportamiento en los lideres, estos patrones fueron llamados “estilos de liderazgo”; 3)
teoría situacional o de contingencia: con el convencimiento de que no existe un estilo de
liderazgo superior se asume que el liderazgo exitoso es aquel estilo que conviene a la situación
planteada; y la 4) teoría transformacional: nos habla sobre los lideres visionarios, como
aquellos que pueden retar a las personas a lograr altos niveles de moralidad, motivación, y
desempeño; son los lideres que pueden tener una visión de un futuro mejor, pueden comunicarla
efectivamente y hacer que otros la conviertan en realidad (Kreitner, 1995; Kaufmann, 1997; Maxwell, 2005).
Diversos autores han indicado la vigencia de incorporar un liderazgo de tipo transformacional y visionario en
las organizaciones. Este tipo de liderazgo se define como aquel que logra que tanto líderes como
seguidores incrementen su nivel de moralidad y motivación orientada a los objetivos organizacionales,
pudiéndose así comunicar claramente hacia donde nos dirigimos y el porqué nos dirigimos
en esa dirección (Kreitner, 1995; Kaufmann, 1997; Ahumada, 2004; Fehlis, 2005).
Se ha logrado determinar que el liderazgo esta íntimamente relacionado con la cultura organizacional
(Kaufmann, 1997; Ferrer y col., 2000; Ahumada, 2004; Pedraja y Rodríguez, 2004). En este sentido, la
cultura organizacional dominante del personal del INIA fue determinada por Berrío y Sánchez
(2009), tanto en su situación actual como preferida; habiéndose demostrado la presencia de una
cultura actual predominantemente de tipo Jerárquica y una cultura preferida predominantemente de tipo
Clan, lo cual sugiere la necesidad de un cambio cultural en la organización (Berrio, 2003; Berrio y
Torres, 2003; Berrio, 2006). La necesidad de este cambio cultural fue también explorada por
Berrío y Lira (2010), al proyectarse un escenario prospectivo de cambio cultural, como una propuesta
para el proceso de planificación estratégica del INIA.
Sin embargo, cambiar la cultura de una organización no es trabajo fácil, quien promueva un
cambio de cultura organizacional debe tener una visión clara y una habilidad y perseverancia particular
para influir en los demás. De manera que para poder llevar a acabo un proceso de transformación
institucional con éxito, deben considerarse tres factores fundamentales: a) reconocer la necesidad de
cambio, b) crear una nueva visión y c) institucionalizar el cambio (Kaufmann, 1997, Cameron y Quinn,
1999).
En otras palabras, el estilo de liderazgo también afecta los procesos grupales en las organizaciones,
porque afecta el trabajo en equipo; e igualmente interviene en el clima organizacional actuando sobre la
creatividad y productividad institucional. Otro aspecto que se ve influenciado por la cultura organizacional
es el desempeño institucional, siendo el estilo de liderazgo prevaleciente en la organización el
determinante más importante del tipo de cultura exhibida por los miembros de una organización
(Pedraja y Rodriguez, 2004, Castro, 2006).
En el INIA se estableció como objetivo estratégico organizacional, la conformación de
equipos de trabajo para la consecución de su misión (investigación e innovación
agrícola, pecuaria y pesquera); siendo estos considerados eminentemente interdisciplinarios,
transdisciplinarios e intercentro (INIA, 2005). Sin embargo, el trabajo en equipo se considera no como algo
que pueda ser fijado o decretado a través de un enfoque: “de arriba hacia abajo”; si no
más bien como algo que debe construirse entre los involucrados (investigadores y técnicos) con
una orientación: “de abajo hacia arriba”; altamente ligada al grado o nivel de liderazgo de
su personal.
En este sentido, O’Neill (2003), ha propuesto el “Modelo de Liderazgo Distribuido”; que
permite evaluar el liderazgo desde la perspectiva del trabajo en equipo, basándose en las cualidades
más importantes que debe poseer un líder, siendo estas:
- Cualidades de consecución: aquellas necesarias en los líderes para iniciar acciones
organizacionales.
- Cualidades de
integración: aquellas necesarias en los lideres para integrarse eficiente y efectivamente a
un grupo de trabajo, y
- Cualidades visionarias:
aquellas necesarias en los lideres para tener una visión de futuro de la organización.
Con respecto al trabajo en equipo, este se considera como un conjunto de dos o más personas que
trabajan juntas en el logro de una meta en común. Estos grupos formales son creados deliberadamente
para cumplir objetivos organizacionales específicos. De acuerdo con Blanchard, Randolph & Gracier
(2006), los equipos de trabajo son la primera línea de una organización en la que se produce un
bien o se ofrece un servicio.
Sin embargo, cuando en el personal de la alta dirección persiste el viejo paradigma de que las
posiciones directivas institucionales son las que deben asumir la toma de decisiones sobre el trabajo que se
realiza y los empleados; estos últimos tienden a asumir que deben adaptarse a un liderazgo basado en lo
que estos directivos les indiquen. Lo afirmado anteriormente fue puesto en evidencia para Venezuela por
Granell, Garaway & Malpica (1997), al afirmar que el trabajador venezolano concibe a la
organización como evidentemente jerarquizada con niveles bien definidos de poder y autoridad;
razón por la cual se considera que más que trabajar en equipo con roles bien definidos, al
venezolano le gusta es trabajar en grupo con lo cual se diluyen las responsabilidades de los roles
individuales.
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